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VANIDAD Y LA IDOLATRIA

VANIDAD Y LA IDOLATRIA

 

Sus ídolos son plata y oro, Obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablarán; Tienen ojos, mas no verán; Orejas tienen, mas no oirán; Tienen narices, mas no olerán; Manos tienen, mas no palparán; Tienen pies, mas no andarán; No hablarán con su garganta. Como ellos son los que los hacen; Cualquiera que en ellos confía. (Salmo 115:4-8)

 

Muchos hemos sacado y renunciado a nuestros ídolos, pero idolatra no solamente es adorar ídolos. Es idolatría poner una persona, cosa o deseo por encima de Dios. Cuando venimos al conocimiento de Cristo nuestra vida es plena nos sentimos completos nada nos mueve, ósea nos llega nuestro primer amor, no hay nada más importante que estar con Él.  Pero cuando el tiempo va trascurriendo algo empieza a pasar en nuestra vida, empezamos a sentir un vacio, los afanes del mundo, la concupiscencia de los ojos y de la carne nos alcanzan, y la vida de oración, la lectura de su Palabra, la vida en el espiritu se empieza a pagar, sin darnos cuenta hay algo que empieza ocupar el lugar de Nuestro Señor Jesucristo en nuestra vida. Y cuando esto pasa caemos en idolatría. Este mal podría ser la vanidad.  

 
 

En el Antiguo Testamento vanidad es la traducción de una palabra que da la idea de vacío Con más frecuencia se traduce "vanidad" por la palabra hebrea que denota "lo que no es", lo falso, lo irreal. Finalmente, equivale a confusión, como lo que caracteriza a los hacedores y adoradores de ídolos. En el Nuevo Testamento "vano" (en griego, kenoŒs) tiene el sentido de "vacío", haciendo hincapié en la ausencia de una cualidad esencial, o en lo que es "sin valor" o "sin resultado", por lo que las cosas vanas tienen que rechazarse. Merece el repudio más absoluto. Todo lo que se opone al primer mandamiento es vanidad, ya sean las especulaciones humanas, a los dioses del paganismo, y a la conducta a la que arrastran.

En la asamblea de Siquén Josué presentó al pueblo con claridad la disyuntiva: Y si mal os parece servir á Jehová, escogeos hoy á quién sirváis; si á los dioses á quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, ó á los dioses de los Amorreos en cuya tierra habitáis: que yo y mi casa serviremos á Jehová. (Josué 24:15).

 Tiene que ser clara la discriminación entre las dos situaciones. Así lo gritaba Elías contra la sociedad de su tiempo: ¿Hasta cuándo claudicareis (vacilaran) vosotros entre dos pensamiento? Si Jehová es Dios, síganlo; si lo es Baal, síganlo a él”

(1 Reyes 18,21).

 La verdadera alternativa, a la que está sometido cada hombre, es y será siempre, la aceptación del Dios viviente; o su rechazo, con la consecuente aceptación del servicio a sus ídolos.

 

Tanto el individuo como la comunidad son vanos en cuanto dejan de adherirse a la revelación de Dios en forma exclusiva. La fe y la religión pueden llegar a ser vanas.

Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados. Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino engañando su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es esta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo.

(1Corintios 15:17, Santiago 1:26-27)

Cuando andamos y confiamos en la capacidad de nuestra mente y esfuerzo, todos nuestros resultados son nulos delante de nuestro Dios. Esto pues digo, y requiero en el Señor, que no andéis más como los otros Gentiles, que andan en la vanidad de su sentido. Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón: (Efesios 4:17-18)

 

Acerca, pues, de las viandas que son sacrificadas á los ídolos, sabemos que el ídolo nada es en el mundo, y que no hay más de un Dios. Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, ó en el cielo, ó en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), Nosotros empero no tenemos más de un Dios, el Padre, del cual son todas las cosas, y nosotros en él: y un Señor Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él.  (1Corintios 8:4-6).

Sabemos ahora que ídolo es aquello que no tiene existencia
 

La idolatría rechaza el único Señorío de Dios; es, por tanto, incompatible con la comunión divina. Es idolatría poner una persona, cosa o deseo por encima de Dios; Cuando se adora a más de uno, es politeísmo. Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir á Dios y á las riquezas (Mammón). (Mateo 6:24).

Los ídolos y la vanidad son vanos y hacen vano al que les da culto. Así que si pensamos que no somos idolatras, pero en nuestra vida reina la vanidad, somos como los ídolos. No somos nada, somos falsos, irreales, estamos vacios, todo lo que hagamos no tiene valor, y el resultado de todo nos llevara a la confusión. Como lo que caracteriza a los hacedores y adoradores de ídolos.

 
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Y pondré mi espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová.
Ezequiel 37:14