LA GRACIA HACIA EL PECADOR |
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LA GRACIA HACIA EL PECADOR Pecador es el término más usual para describir la condición caída de los hombres. Es aplicable a todos los hombres. Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Porque como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos. (Romanos 5:8,19) Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oírle. Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come. (Lucas 15:1-2) Los publicanos conformaban la categoría más ruin de la sociedad, y eran los opresores públicos, menospreciados y odiados por los judíos más insignificantes. Y precisamente ellos, conjuntamente con los más perversos caracteres, la escoria de las calles y el desperdicio de la sociedad de Jerusalén, rodeaban a este predicador poderoso, Jesucristo, para escuchar Sus palabras. Un poco alejados de la muchedumbre, se encontraban unos cuantos ciudadanos respetables, que en aquellos días eran llamados fariseos y escribas: hombres sumamente estimados como autoridades, y dirigentes, y maestros, en las sinagogas. Estos miraban con desprecio al Predicador (Jesucristo), y le vigilaban con ojos envidiosos, para sorprenderle en falta. Él es el hombre que "a los pecadores recibe." Muchas verdades han sido expresadas en son de burla, y otras se han dicho con intención denigrante. Los hombres han comentado a veces, burlándose: "ahí va un santo;" pero resulta que es verdad. Han dicho: "ahí va uno de Sus escogidos, uno de Sus elegidos," y lo han dicho como una calumnia. Pero la doctrina que calumnian, consuela a la persona que la recibió; fue su gloria y su honor. Pablo recordaba a Pedro y a los que con el estaban, con ironía su afirmación de superioridad moral sobre los gentiles; pasa entonces a mostrar que los judíos son igualmente pecadores que los gentiles. Empero viniendo Pedro á Antioquía, le resistí en la cara, porque era de condenar. Porque antes que viniesen unos de parte de Jacobo, comía con los Gentiles; mas después que vinieron, se retraía y apartaba, teniendo miedo de los que eran de la circuncisión. Y á su disimulación consentían también los otros Judíos; de tal manera que aun Bernabé fue también llevado de ellos en su simulación. Mas cuando vi que no andaban derechamente conforme á la verdad del evangelio, dije á Pedro delante de todos: Si tú, siendo Judío, vives como los Gentiles y no como Judío, ¿por qué constriñes á los Gentiles á judaizar? Nosotros Judíos naturales, y no pecadores de los Gentiles, Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para que fuésemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada. (Gálatas 2:11-16) Cristo quiere que rompamos toda hipocresía e infunde tres pasos para llevarnos al reconocimiento de nuestro mal proceder hacia aquellos que están oprimidos en el pecados; El Señor quiere que enseñemos Primero: la doctrina de que Cristo recibe a los pecadores, que es una doctrina de la Sagrada Escritura. En segundo lugar, el ánimo que infunde al pecador; y en tercer lugar, la exhortación que naturalmente brota de ella en el amor, dirigida al pecador. LA DOCTRINA. La doctrina no es que Cristo recibe a todo el mundo, sino que Él "a los pecadores recibe." En el lenguaje común, en esa expresión entendemos que están incluidos todos. Hoy en día, que cada uno miente en contra de su convicción, diciéndose no pecador cuando en realidad está convencido que es una persona muy respetable, un hombre de bien, y no concibe que haya hecho nada indebido en su vida. No tienen una verdadera convicción de ser pecadores. Estos escribas y fariseos, en efecto, afirmaban virtualmente que ellos no eran pecadores; ellos señalaban a los publicanos y a las rameras, y a los indignos, y decían: "estos son pecadores, nosotros no." "Muy bien," dijo Cristo, "Yo apruebo la distinción que ustedes han hecho. En su propia opinión, ustedes no son pecadores; bien, estarán exentos, por el momento, de ser llamados pecadores. Yo apruebo su distinción. Pero quiero informarles que Yo vine para salvar precisamente a esas personas que en su propia apreciación y en la de ustedes, son pecadores." Cristo no recibe a los que poseen justicia propia, ni a los buenos, ni a los sinceros, ni a los que sueñan que no necesitan un Salvador; sino que recibe a los de espíritu quebrantado, a los de contrito corazón, a aquellos que están prestos a confesar que han quebrantado las leyes de Dios, y han merecido Su enojo. Cristo vino a salvar a estos últimos, y únicamente a estos; Cristo ha muerto por ellos, y por nadie más; que Él ha derramado Su sangre por quienes están dispuestos a confesar sus pecados, y que en verdad buscan misericordia a través de las venas abiertas de Su cuerpo herido, y que por nadie más propuso ofrecerse en la cruz. Nadie puede venir a Cristo mientras no se reconozca verdaderamente pecador. El hombre con justicia propia no puede venir a Cristo; pues ¿qué está implícito cuando se viene a Cristo? Arrepentimiento, confianza en Su misericordia, y la negación de toda confianza en uno mismo. Ahora, un hombre con justicia propia no puede arrepentirse, y al mismo tiempo ser justo con justicia propia. Es el pecador, y únicamente el pecador, quien puede venir a Cristo; el hombre con justicia propia no puede hacerlo; está fuera de su alcance: y si pudiera, no lo haría. Su misma justicia propia pone grilletes a sus pies, de tal forma que no puede venir; paraliza su brazo, de tal forma que no puede aferrarse a Cristo; y ciega sus ojos, de tal forma que no puede ver al Salvador. EL ÁNIMO. Ningún pecador fue enviado de regreso con las manos vacías, que haya venido buscando misericordia en el nombre de Jesús. Y, ¿serás tú el primero? ¿Crees acaso que Dios perderá Su buen nombre, rechazándote? La puerta de la Misericordia ha estado abierta noche y día, todo el tiempo desde que el hombre pecó; ¿crees que será cerrada en tu cara por primera vez? No, hombre, anda y prueba; y si descubres que así es, regresa y di: "tú no has leído la Biblia como debiste hacerlo;" o también puedes decir que has encontrado una promesa allí que no ha sido cumplida; pues Él dijo: "Al que a mí viene, no le echo fuera." No creo que haya habido alguien jamás en este mundo que pueda decir delante de Dios que buscó misericordia de Él sinceramente, pero que no la encontró. Es más, yo creo que tal ser nunca existirá, sino que cualquiera que venga a Cristo encontrará misericordia con suma certeza. ¿Qué mayor motivación necesitamos? ¿Quieres una salvación para aquellos que no quieren venir para ser salvados? ¿Quieres que la sangre sea rociada sobre aquellos que no quieren venir a Cristo? Solo aquellos que se allegan a El podrán alcanzar que esta sangre les pueda ser rociada. Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oírle. (Lucas15:1) Y ahora, solamente un punto más para recomendarles este ánimo. Ciertamente, cuando estamos bajo un sentido de pecado, es muy difícil creer. Decimos algunas veces, ¿creer? pero creer es justo la cosa más difícil del mundo, cuando el peso del pecado permanece sobre nuestros hombros. En mi pensamiento dedo Decir: "pecador, únicamente confía en Cristo." Ah, ustedes no saben qué grande es ese 'únicamente.' Es una obra tan grande, que nadie puede hacerla sin la ayuda de Dios; pues la fe es el don de Dios, y Él la da únicamente a Sus hijos. Pero si hay algo que puede llamar al ejercicio de la fe, es esta última cosa que cave mencionar. EXHORTACION. No nos elevemos a las alturas, sino hundámonos en las profundidades. No subamos, sino bajémonos. Pidámosle a Dios que nos permita ver que no somos absolutamente nada. Pídanosle que nos conduzca al punto de no tener nada que decir sino: que "Yo soy el primero de los pecadores" Tu, oh Cristo, eres todo lo que necesito; Todo en todo en Ti lo encuentro; levantas al caído, animas al débil, sanas al enfermo, y guías al ciego. Jesús hará eso y más todavía; pero debemos venir como ciegos, debemos venir como enfermos, debemos venir como perdidos, pues de lo contrario no puedes ni debes venir. Nuestra fe debe vivir por sus promesas y en esas promesas morir. |
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El libro de aquesta ley nunca se apartará de tu boca: antes de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme á todo lo que en él está escrito: porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. (Josué 1:8) |