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EL ORIGEN DE LA ENFERMEDAD

EL ORIGEN DE LA ENFERMEDAD

El origen de la enfermedad y de la muerte es evidentemente que es producto del pecado en la caída del hombre, el hombre hecho a imagen de Dios por una creación perfecta, estaba destinado a una vida venturosa y eterna, y no a los sufrimientos físicos y morales a los que se haya sometido.

Por el pecado, la muerte hizo su aparición, con las enfermedades y dolencias que llevan a ella. Está claro asimismo que la violación de las leyes físicas y morales conduce, con mucha frecuencia a la enfermedad y al desequilibrio psíquico. La Biblia nos previene y nos enseña a vivir una vida sana. Veamos dos ejemplos de ello: el alcoholismo y la licencia sexual, ¿Para quién será el ay? ¿Para quién el ay? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino, Para los que van buscando la mistura. No mires al vino cuando rojea, Cuando resplandece su color en el vaso: Entrase suavemente; Mas al fin como serpiente morderá, Y como basilisco dará dolor: Tus ojos mirarán las extrañas, Y tu corazón hablará perversidades.

(Proverbios 23:29-33)

Para librarte de la mujer extraña, De la ajena que halaga con sus palabras; Que desampara el príncipe de su mocedad, Y se olvida del pacto de su Dios. Por lo cual su casa está inclinada á la muerte, Y sus veredas hacia los muertos: Todos los que á ella entraren, no volverán, Ni tomarán las veredas de la vida. (Proverbios 2:16-19)

Es claro que el no caminar en los consejos de la palabra de nuestro Padre nos llevara a consecuencias que después lamentaremos, y con ello a una vida que nos debilitaran, y lo más posible a un estado de enfermedad y aun que nos podría provocar hasta la muerte.

En cambio, el respeto y el guardar los mandatos divinos tiene con gran frecuencia el efecto de mantener la salud: No seas sabio en tu opinión: Teme á Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina á tu ombligo, Y tuétano á tus huesos.

(Proverbios 3:7-8)

Hijo mío, está atento á mis palabras; Inclina tu oído á mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón. Porque son vida á los que las hallan, Y medicina á toda su carne. (Proverbios 4:20-22)

La enfermedad puede ser asimismo el castigo de un pecado concreto, o puede provenir por la no obediencia, o de las faltas de los padres, y puede también alcanzarnos por la falta de confesión de nuestros pecados, que no nos hemos juzgado a sí mismo abandonando nuestras desobediencias.

 

La enfermedad por la falta de obediencia:

Si no cuidares de poner por obra todas las palabras de aquesta ley que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y terrible, JEHOVA TU DIOS, Jehová aumentará maravillosamente tus plagas y las plagas de tu simiente, plagas grandes y estables, y enfermedades malignas y duraderas; Y hará volver sobre ti todos los males de Egipto, delante de los cuales temiste, y se te pegarán. Asimismo toda enfermedad y toda plaga que no está escrita en el libro de esta ley, Jehová la enviará sobre ti, hasta que tú seas destruido. (Deuteronomio 28:58-61)

Y envió Jehová pestilencia á Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado: y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beer-seba, setenta mil hombres. Y como el ángel extendió su mano sobre Jerusalem para destruirla, Jehová se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía el pueblo: Basta ahora; detén tu mano. Entonces el ángel de Jehová estaba junto á la era de Arauna Jebuseo.

 (2 Samuel 24:15-16)

Jehová prevenía a su pueblo y les mandaba a caminar en la obediencia para no caer en las maldiciones y plagas que El había enviado contra Egipto, y el no hacerlo, sufrirían las consecuencias de Egipto, pero El  siempre a mostraba su misericordia hacia su pueblo.

 
La enfermedad por la falta de confesión:

Pablo les decía a los corintios: Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros; y muchos duermen. Que si nos examinásemos á nosotros mismos, cierto no seríamos juzgados. Mas siendo juzgados, somos castigados del Señor, para que no seamos condenados con el mundo. (1 Corintios 11:30-32)

 

Sin embargo, la Biblia destaca que no toda enfermedad es necesariamente el resultado de un pecado personal. Job era íntegro, recto, temeroso de Dios, apartado del mal, hasta el punto de que no había ninguno como él en toda la tierra. Con todo, Dios tuvo a bien mandarle una prueba, para probar su fidelidad: Y Jehová dijo á satán: ¿No has considerado á mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal? (Job 1:8)

Mas extiende ahora tu mano, y toca á su hueso y á su carne, y verás si no te blasfema en tu rostro. Y Jehová dijo á satán: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida. Y salió satán de delante de Jehová, é hirió á Job de una maligna sarna desde la planta de su pie hasta la mollera de su cabeza. Y tomaba una teja para rascarse con ella, y estaba sentado en medio de ceniza. (Job 2:5-8)

 

Otro testimonio en la Biblia esta asentado en la sanidad del ciego de nacimiento, ni sus padres habían provocado por sus pecados esta ceguera, el fue un testimonio que hizo manifestar la gloria de Dios: Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, éste ó sus padres, para que naciese ciego? Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él. (Juan 9:2-3)

 

A Pablo le fue puesto un aguijón en la carne, no porque hubiera pecado, sino para guardarle del orgullo debido a las revelaciones inauditas del Señor: Y porque la grandeza de las revelaciones no me levante descomedidamente, me es dado un aguijón en mi carne, un mensajero de satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera. Por lo cual tres veces he rogado al Señor, que se quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis flaquezas, porque habite en mí la potencia de Cristo. (2 Corintios 12:7-9)

 

La Biblia revela que, en ocasiones, satanás puede ser el agente que provoca ciertas enfermedades, pero también la misma enfermedad son opresiones del mismo diablo para que el hombre cuestione a Dios, y muchas veces ellas nos lleven a declinar en nuestra Fe, y aun hasta en nuestra fidelidad hacia El Señor. Pero si nos sometemos a Dios y resistimos al diablo, huira de nosotros: Job es un testimonio fiel para nuestra vida, ya que mantuvo su fidelidad delante de Dios.

 

El diablo y su ejercito tratara en todo tiempo oprimir nuestras vidas, y usara toda estrategia para desviar nuestra atención y aun hasta cuestionar a Dios. Pero para eso apareció El hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.

Cuanto á Jesús de Nazaret; cómo le ungió Dios de Espíritu Santo y de potencia; el cual anduvo haciendo bienes, y sanando á todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con él. (Hechos 10:38)

Pero el diablo no puede ir más allá de lo que le permita el Señor, El todo poderoso esta para socorrer a los que a Él se allegan.

La obra de Cristo hablada Según (Isaías. 53:4-5), el Mesías llevó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores, y por sus llagas fuimos nosotros curados. El cumplimiento de esta profecía esta registrada, y toda su palabra da testimonio del el ministerio de sanidad del Señor.

A el se allegaban los oprimidos por el diablo para ser liberados y recibir sanidad: Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados: y echó los demonios con la palabra, y sanó á todos los enfermos; (Mateo 8:16)

Sus milagros de todo tipo fueron, la señal de su victoria sobre el mal y sobre la muerte, además de la prueba deslumbrante de su propia divinidad. Pero fue sobre la cruz que llevó nuestro pecado, con todas sus consecuencias físicas y morales; es allí que consiguió para nosotros la redención total del alma y cuerpo. Por ello, cuidémonos de no caer en confusiones acerca de estos extremos. Habiendo quedado expiado el pecado, Dios da a todos los que creen, el perdón y el nuevo nacimiento espiritual.

 

Pero la redención del cuerpo, y su transformación gloriosa en la resurrección para los muertos en Cristo, o en vida para los que vivan a su venida, es todavía futura: Y no sólo ellas, mas también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, es á saber, la redención de nuestro cuerpo. (Romanos 8:23)

Al esperar esto, gemimos dentro de nosotros mismo, ya que, aunque el hombre interior se renueva de día en día, éste nuestro hombre exterior se va desgastando. Nuestro cuerpo es un tabernáculo perecedero dentro del cual gemimos con angustia, ya que está para deshacerse: PORQUE sabemos, que si la casa terrestre de nuestra habitación se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser sobrevestidos de aquella nuestra habitación celestial; Puesto que en verdad habremos sido hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo, gemimos agravados; porque no quisiéramos ser desnudados; sino sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. (2 Corintios 5:1-4) Por tanto, no desmayamos: antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior empero se renueva de día en día. (2 Corintios 4:16)

 

 Así que, no es correcto decir, como algunos lo afirman, que por la expiación de la cruz quedó de inmediato conseguida la sanidad de todas nuestras enfermedades desde hoy; que no se puede estar enfermo si se anda cerca de Dios; que el Señor no tiene otra voluntad que la de sanar, y que es ofenderle el decirle: Señor, sáname si Tú quieres. Por cuanto nuestro cuerpo envejece y que un día tendremos que abandonarlo, no nos debe sorprender el ver en la Biblia a hombres de Dios en enfermedad. Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió.  (2 R. 13:14)

Las Escrituras nos muestran a otros creyentes que andaban muy cerca de Dios, y no obstante padeciendo enfermedades: Pablo, que no fue liberado de su aguijón en la carne: y que solo debía bastarle la gracia de Dios para proseguir.

Timoteo, que sufría constantemente del estómago: No bebas de aquí adelante agua, sino usa de un poco de vino por causa del estómago, y de tus continuas enfermedades.

(1 Timoteo 5:23)

 Trófimo, que fue dejado enfermo por Pablo en Mileto: Erasto se quedó en Corinto; y á Trófimo dejé en Mileto enfermo. (2 Timoteo 4:20)

 

 Cristo, evidentemente, tiene el poder de sanar al enfermo que fuera, y los Evangelios dan testimonio de curaciones colectivas; y que Jesús sanó a todos los enfermos. A los apóstoles, les dio el poder de sanar toda enfermedad y toda dolencia, ordenándoles también resucitar a los muertos, y limpiar a los leprosos. Los apóstoles, así, también llevaron a cabo milagros señalados, Aquí podemos constatar que este don absoluto de sanidad manifestado en los Evangelios y en Hechos no tiene lugar en la actualidad. No hemos visto ni conocido a nadie en nuestro tiempo que dé sanidad a todos los enfermos que vayan a él. Sin hablar de resurrecciones y de curaciones de leprosos.

Señalemos también que todas las curaciones Bíblicas fueron instantáneas incluyendo al ciego de Bethsaida. Que tuvo lugar en dos etapas bien definidas, Y vino á Bethsaida; y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase. Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó si veía algo. Y él mirando, dijo: Veo los hombres, pues veo que andan como árboles. Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y fué restablecido, y vio de lejos y claramente á todos.

Sanidades y milagros en los Evangelios y en el libro de los Hechos: (Marcos 8:22-25; Mateo 8:16; 9:35; 12:15; 14:36; Lucas. 4:40; 6:18-19; 9:11; Mateo. 10:1, 8), (Hechos. 5:15; 9:40; 19:11-12; 20:9-12)

 

La sanidad por imposición de manos. Ningún cristiano duda que Dios pueda sanar hoy como en el pasado. La cuestión es saber en base al Nuevo Testamento si es su voluntad, y cómo. ¿Qué debe hacer el cristiano en caso de enfermedad? Santiago da una clara respuesta acerca de este tema: ¿Está alguno enfermo entre vosotros? llame á los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si estuviere en pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras faltas unos á otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos; la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho. (Santiago 5:14-16)

El enfermo es llamado a que se examine a sí mismo para discernir el sentido de la prueba, y a confesar todo pecado que le muestre el Espíritu Santo; tiene que llamar a los ancianos de la iglesia, ya que su sufrimiento es el sufrimiento de toda la comunidad, y se dan promesas especiales a la intercesión en común.

Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros; y muchos duermen. Que si nos examinásemos á nosotros mismos, cierto no seríamos juzgados.

Por manera que si un miembro padece, todos los miembros á una se duelen; y si un miembro es honrado, todos los miembros á una se gozan.

Porque el que estima de sí que es algo, no siendo nada, á sí mismo se engaña.

(1 Corintios 11:30-31) (1 Corintios 12:26) (Gálatas 6:3)
 

En ocasiones El Señor permite que la prueba persista, como sucedió con Pablo; pero entonces da un auxilio sobrenatural para soportarla y para transformarla en una victoria espiritual.

Es cierto que Ezequías consiguió un aplazamiento de 15 años.

Pero en una palabra, la voluntad de Dios no puede ser otra cosa que buena, agradable y perfecta. Dispongámonos, como creyentes, a discernirla y a aceptarla con la fe. El espíritu santo a dado a su iglesia dones para su edificación. El don de sanidad figura entre los que el Señor ha dado a la Iglesia: A otro, fe por el mismo Espíritu, y á otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu; (1 Corintios 12:9)

Tiene que ser ejercida para la utilidad común, y en total sumisión al Espíritu y a las Escrituras. El don de sanidad se puede aplicar con la imposición de manos, Pablo se movía en este don impartiendo sanidad por imposición de manos pero también, nos previene de no hacerlo a la ligera: Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebres y de disentería: al cual Pablo entró, y después de haber orado, le puso las manos encima, y le sanó: (Hechos 28:8)

No impongas de ligero las manos á ninguno, ni comuniques en pecados ajenos: consérvate en limpieza. (1 Timoteo 5:22)

 

Finalmente, no olvidemos las advertencias en la Biblia acerca de los milagros engañosos que el enemigo puede perfectamente llevar a cabo. Hay movimientos muy alejados del evangelio que pretenden producir curaciones: La Ciencia «Cristiana», los ocultistas, hechiceros paganos, etc.; incluso falsos cristianos pueden llevarlos a cabo; en la actualidad abundan las pretensiones falsas acerca de este campo. Sólo la obediencia a los principios Bíblicos nos puede preservar de caer en un engaño: Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y darán señales grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si es posible, aun á los escogidos. (Mateo 24:24)

A aquel inicuo, cuyo advenimiento es según operación de satanás, con grande potencia, y señales, y milagros mentirosos, (2 Tesalonicenses 2:9)

Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad. (Mateo 7:22-23)

 
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El libro de aquesta ley nunca se apartará de tu boca: antes de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme á todo lo que en él está escrito: porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.
(Josué 1:8)
 

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