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Consagracion de los Hijos desde la Gestacion

LA CONSAGRACION DE LOS HIJOS DESDE LA GESTACION

Leí un testimonio de una madre creyente a quien, años después de tener su último hijo, le fue diagnosticado un cáncer uterino. Los médicos plantearon varias vías para abordar el problema, y la más viable para la salud de ella fue la extracción total del útero. La situación en ese momento fue angustiante, pues, en medio del proceso, los médicos se dieron cuenta de que ella estaba embarazada. Sin embargo, ocurrió un hecho maravilloso: el bebé comenzó a crecer, y a medida que crecía en el útero, el cáncer fue desapareciendo hasta llegar a una completa normalidad. La vida que se gestó allí fue más poderosa que la muerte amenazante de la enfermedad.

Los cristianos sabemos que la gestación es más que sólo un simple acto de la naturaleza. Dios está presente en cada concepción. El misterio de una vida que se gesta no está oculto a los ojos de Dios y tampoco a la operación de su poder. En las Escrituras, todas las mujeres que fueron estériles, oraron a Dios con fe, y concibieron hijos. Dios mismo es quien nos ha formado en el vientre de nuestra madre: “Porque tú formaste mis entrañas; tu me hiciste en el vientre de mi madre, mi embrión vieron tus ojos” Porque tú poseíste mis riñones; Cubrísteme en el vientre de mi madre. (Salmos 139:13)

Dios nos ha escogido desde antes de la fundación del mundo, para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo. Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor; Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo á sí mismo, según el puro afecto de su voluntad, (Efesios 1:4-5)

Por esta causa, debemos consagrar a nuestros hijos, en un acto de amor y como una ofrenda y sacrificio a Dios. Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer de nuestra voluntad cosas semejantes? porque todo es tuyo, y lo recibido de tu mano te damos. (1 Crónicas 29:14)

Así, pues, los padres cristianos tenemos todo el derecho a esperar que el Espíritu Santo, que opera en nosotros como hijos de Dios, pueda posesionarse completamente de la vida que se está gestando en el vientre. Esta debe ser, sin duda, la esperanza más valiosa de los padres.

Conocemos las circunstancias generales de la vida del Señor y también de Juan el Bautista aun antes de que fueran concebidos.
Una declaración del Señor que involucra a todos los hijos del Reino se registra en Lucas: Porque os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él.
(Lucas 7:28)

La verdad que se nos revela aquí es de un valor incalculable para una madre creyente. La realidad de que ella pueda llevar en su vientre la bendición de Dios, es vigente y real. Si de Juan –el último profeta del Antiguo Pacto se dijeron estas palabras, ¿cuánto más pueden ser llenos del Espíritu Santo desde el vientre materno los hijos de aquellos que gozan de la gracia del Nuevo Pacto? Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (1 Corintios 6:19)

¿No lo será también el hijo que se gesta en el vientre? Nuestros hijos pueden ser llenos del Espíritu de Cristo aún desde su concepción.

A Zacarías se le dice: “No temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elizabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre(Lucas. 1:13-15.)

Así, pues, los hijos no vienen por nuestra virilidad, nuestra fecundidad, sino por voluntad divina. Debemos aprender a respetar el deseo divino de nuestro Dios: el ya había predestinado un nombre para el hijo de Zacarías y Elizabet, “Y llamarás su nombre Juan.” A cada hijo se le ha concedido una gracia particular, diseñada en la eternidad, implantada en la gestación y lista para desarrollarse en el nacimiento. Zacarías se atreve a ir contra toda una tradición familiar judía al ponerle como nombre Juan, el estaba obedeciendo a la voz del Espiritu Santo, afirmando en su corazón el camino que Dios había trazado para ese hijo. Así también, los padres cristianos debemos tener la firme determinación de respetar el deseo divino, creer en la operación del Espíritu Santo en la vida de nuestros hijos y criarlos en la disciplina y amonestación del Señor.

La presión que ejerce hoy el mundo sobre las personas sin Cristo, genera angustia ante la llegada de un hijo. El énfasis hedonista en la independencia hace que los hijos sean una carga difícil de sobrellevar. Hedonista es una corriente basada en la búsqueda de placer, como fin ultimo. "hedoné", del griego placer”. La presión socioeconómica dificulta la llegada de los hijos; muchos de nosotros como padres cristianos estamos presos de un estilo de vida mundanal y egoísta.

Es preciso que la presencia de Dios por su Espíritu, posesione la vida de los niños aún antes de nacer. El fruto del espíritu es amor. La conciencia de la operación de Dios en la llegada de un hijo a un matrimonio cristiano, cualquiera que sean las circunstancias, provocará una explosión de júbilo que no es producto de una actividad del alma, sino del mismo espíritu.

Aquí hay un punto importante a destacar. Es claro que aquellos que asumen la fe obtienen las promesas, involucrando a todos los de nuestra casa. Es falsa la idea de que nuestros hijos tienen que conocer primero el mundo y sus afanes para luego venir a la fe. Muchos de nosotros como padres cristianos, por no apropiarnos de las promesas de Dios, nos hemos debilitado, siendo permisivos con nuestros hijos, consintiéndoles caprichos que les llevan cada vez más lejos de Cristo, obteniendo como consecuencia sólo desazón y tristeza. La equívoca premisa que aquí se esconde está en pensar que la acción del pecado es más poderosa que la acción del Espíritu Santo. Tenemos todo a nuestro favor para que nuestros hijos crezcan y se desarrollen en la gracia. Sin duda, esto es motivo de gozo, porque ellos pertenecen a Jesucristo. Puede ser que nuestros hijos no lleguen a la estatura que el mundo exige, que no lleguen a ser personas de renombre, pero serán grandes delante de Dios, Si los consagramos a El. ¡Qué importa, no ser grande ante el mundo, si somos grandes a los ojos de Dios!

Sobre ti fuí echado desde la matriz: Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.
(Salmos 22:10)
CONSAGRACION
Acto por el que una persona o un objeto son separados para el servicio y el culto del Señor.
Todos los primogénitos de los hombres y de los animales eran así consagrados a Dios Santifícame todo primogénito, cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales: mío es. (Éxodos 13:2)

La actitud de Ana enlaza así con la de Abraham, capaz de sacrificar a Isaac al Señor. Fue una actitud de fe, auque Ana no presento en sacrificio a Samuel, pero lo consagra al Señor. Consagra lo más preciado en su vida.

Ana había prometido: consagrarlo a Jehová. Puede parecer ilógico, que tras desear tanto un hijo, cuando lo ha obtenido se desprenda de él. Una primera explicación es que ya se le ha liberado del oprobio de la esterilidad: la rival, Feniná, no podrá ya echárselo en cara como una afrenta. Pero, además, Ana retiene a su hijo mientras necesita la leche materna y después renuncia a él. Sabe que es Dios quien le ha dado el hijo y que no se lo puede quedar celosamente, sino que ha de dejar que haga su camino y que se realice en el libre cumplimiento de su destino. Ana se desprende de Samuel al destetarlo

Y después que lo hubo destetado, llevólo consigo, con tres becerros, y un epha de harina, y una vasija de vino, y trájolo á la casa de Jehová en Silo: y el niño era pequeño. Y matando el becerro, trajeron el niño á Eli. Y ella dijo: ¡­Oh, señor mío! vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto á ti orando á Jehová. Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo pues le vuelvo también á Jehová: todos los días que viviere, será de Jehová. Y adoró allí á Jehová.

(1 Samuel 1:24-28)

Y Samuel llevaba a cabo su tarea en presencia del Señor; vestía un simple efhod de lino, vestidura de los sacerdotes cuando oficiaban, y también de los levitas. Y el joven Samuel ministraba delante de Jehová, vestido de un ephod de lino. (1 Samuel 2:18)

El dormía en una estancia contigua al Tabernáculo, y por la mañana abría las puertas de la casa de Jehová, y ayudaba a Elí.

Y EL joven Samuel ministraba á Jehová delante de Eli: y la palabra de Jehová era de estima en aquellos días; no había visión manifiesta.

Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde el arca de Dios estaba, Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová.

(1 Samuel 3:1, 3, 15)
CONSECUENCIA CUANDO LOS HIJOS NO SON CONSAGRADOS Y NO ESTAN BAJO LA AUTORIDAD DE LOS PADRES

Y Elcana se volvió á su casa en Ramatha; y el niño ministraba á Jehová delante del sacerdote Eli. Mas los hijos de Eli eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. (1 Samuel 2:11-12)

La Biblia nos esta hablando de Elí, un hombre que fue puesto para el servio de Dios y de su pueblo, pero no estorbo ni en seño a sus hijos al servicio de Jehová. Ya que no tenían conocimiento de EL.

Samuel era sólo un joven cuando el Señor le reveló el juicio que caería sobre la casa de Elí, a causa de la insensata indulgencia del padre hacia sus indignos hijos

A Ningún padre nos gustaría experimentar el resultado que tuvieron que pasar los hijos Eli, delante de Jehová, por no estorbar a sus hijos, cada uno somos responsable de los actos de nuestros hijos, desde el vientre, el destete y aun estando bajo nuestra autoridad, (o casa)

Eli empero era muy viejo, y oyó todo lo que sus hijos hacían á todo Israel, y como dormían con las mujeres que velaban á la puerta del tabernáculo del testimonio. Y díjoles: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. No, hijos míos; porque no es buena fama la que yo oigo: que hacéis pecar al pueblo de Jehová. Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Más ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová los quería matar. Y el joven Samuel iba creciendo, y adelantando delante de Dios y delante de los hombres. (1 Samuel 2:22-26)

Dios no quiere traer ningún juicio para nuestros hijos, porque su gracia nos ha alcanzado, pero podemos prevenir que nuestros hijos sean arrastrados, por el mundo, atrapados por las artimañas de satanas, que anda como león rugiente buscando a quien devorar, y nuestros hijos pueden ser presa del enemigo si no los consagramos y los ponemos en las manos del Dios vivo. Pero si los encaminamos y son llenos del conociendo de Jehová, ellos serán grandes delante del Dios viviente.

IGLESIA CRISTIANA NEOTESTAMENTARIA
Cristo La Piedra Principal A.C.
 
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Porque si el árbol fuere cortado, aun queda de el esperanza; retoñecerá aún, Y sus renuevos no faltarán. Si se envejeciere en la tierra su raíz, Y su tronco fuere muerto en el polvo, Al percibir el agua reverdecerá, Y hará copa como planta.